Querida y vieja amiga

No te molestes por lo de vieja. Ya sabes que Mar y yo te conocemos desde hace muchos años por muy variadas circunstancias. 

Lo cierto es que de nuevo hemos tenido el privilegio de pasar unos días entre tus paisajes y tus sabores. Y es que estas dos últimas visitas han colmado nuestras expectativas. De ahí esta carta.

Lo primero es empezar por el principio, valga redundancia. Y el principio está en Muriedas. Allí viven nuestros amigos, siempre acogedores y generosos, en su espléndida casa, donde nos sentimos cómodos y cuidados. Allí se aprueban los proyectos comunes, y, se disfruta de unos desayunos intensos y unas riquísimas cenas. Y para mañana, ¿hay que llevarse bañador?, ¿son suficientes unas sandalias?, ¿y una rebequita?

Pero hay más. Después de cenar, y, a veces, antes incluso de hincarle el diente al bonito, se despeja la mesa para una partida de “Continental”. Es una verdadera puesta en escena, con cuatro personajes dispuestos a hacer de las suyas, o sea, tríos y escaleras. Mientras tanto, desaparecen tabletas de chocolates variados, los culillos del vino de la cena, galletas, y otras exquisitas chuches. Y los participantes se auto-jalean si ganan, o tuercen el morro si se quedan con las cartas en la mano. Es una forma como otra cualquiera de acostarse tarde, y es muy divertida, te lo aseguro.

Ahora vayamos con las interjecciones.

¡Oh! ¡Mirad qué belleza de playa! ¿Y esas rocas? Ojos bien abiertos, cámara o móvil en ristre para inmortalizar o presumir, en fin, un precioso lugar, y, encima, con poca gente, algo increíble para quienes venimos de la villa y corte. Algunas veces llegar hasta allí tiene su dificultad, pero no hay pérdida si se siguen los pasos de quienes se conocen la costa al dedillo, y vas con las deportivas adecuadas.

¡Mmm! ¡qué bueno está esto! No estamos en un restaurante cualquiera. El sitio está estudiado y reservado previamente. Ya te puedes figurar por quien, amiga mía. Últimamente le damos al rodaballo. Pez grande, a pesar de lo cual pedimos dos, uno por pareja. No te puedes imaginar lo buenísimo que estaba. Alguien sugiere tomar algo antes del pescado. Y al poco rato aparecen las inefables rabas, de las que damos cuenta en un santiamén. Algunos tienen hueco para un arroz con leche (Carpantas).

Luego hay que descansar de tan agotadora jornada. Siesta reparadora y preparatoria de la cena, la partida y las chuches. Lo dicho, extenuante.

Bueno, pues volveremos a estos días de ¡oh! y ¡mmm! lo antes posible. Gracias a nuestros amigos, y a ti, Cantabria, por dejarnos disfrutar de tus entretelas.