Los libros de Medicina dicen que la tortícolis es una contractura muscular intensa e involuntaria del cuello, que provoca dolor, rigidez y una postura inclinada o girada de la cabeza. Suele ser una condición benigna causada por malas posturas al dormir, estrés o movimientos bruscos, y suele durar pocos días.
En nuestro país, una epidemia de tortícolis tuvo lugar el año pasado, 2025, alrededor del mes de noviembre. Cientos de miles de personas acudieron a los centros de salud y a los hospitales del país por dolor en el cuello y con la cabeza girada hacia un lado. Fueron tantos los casos, que se realizó un gran estudio a nivel nacional con entrevistas en persona, encuestas y con todos los datos epidemiológicos y rigurosos posibles.
En pocos días los resultados fueron definitivos. En la inmensa mayoría de los casos, la aparición del dolor coincidió con determinadas fechas en las que se recordaban dos importantes efemérides: la muerte del dictador y la restauración de la monarquía. Las personas no se daban cuenta, pero empezaban a recordar, y se les iba torciendo la cabeza, apareciendo un intenso dolor en el cuello.
Algunas lo justificaban justo después de volver a ver en la tele, 50 años después, a aquel señor de las orejas de soplillo que nos informó, por fin, de la muerte de uno de los más famosos y sanguinarios dictadores de la historia de nuestro país. Muchas relataban terribles historias sufridas a causa del deleznable tipejo del bigote, y otras se acordaban de que, también tras 5 décadas, aún no se haya consultado al pueblo sobre si se quiere o no el modelo monárquico para nuestro país. En muchas ocasiones la rabia y las lágrimas empapaban los ojos de los doloridos pacientes.
Se citaron a muchísimas personas para reinterrogarlas, y de paso ver cómo se encontraban. Se les aconsejó que, a ser posible, evitaran esos recuerdos, que se distrajeran con algo, y que, en general, en vez de mirar tanto al pasado, lo hicieran algo más hacia el futuro. Parece que ese consejo, probablemente ayudado por el concurso de fisioterapeutas y alguna pastilla, hizo disminuir de forma llamativa la peregrinación a los centros sanitarios.
Pero la epidemia parece que vuelve de nuevo. Ahora las respuestas de las personas con el cuello dolorido, por cierto, la mayoría de ellas son las mismas del año pasado, dicen que ahora lo relacionan con las convocatorias electorales que están teniendo lugar en estos meses. Son gentes con tendencia política de izquierda que, en la atmósfera de la manoseada unión, ven y escuchan como los partidos a los que votan no pasan página de las rencillas y desencuentros pasados. Dicen que van a denunciar al partido al que votan, “porque su manía de mirar hacia atrás nos contagia y nos provoca la tortícolis”.
En fin, es obvio que no se debe olvidar lo que ocurrió hace 50 años, e incluso que aquellos acontecimientos deben formar parte del material docente de colegios e institutos. Ni tampoco debe caer en el olvido lo que ha ocurrido en los últimos 10 años en el ámbito político nacional de la izquierda. Pero también parece estar claro, y así parece que, afortunadamente, se está empezando a entender, que la izquierda situada más allá del PSOE debe reflexionar. Si su objetivo es ganar el futuro, debería mirar poco al pasado, lo justo, porque si apareciera la tortícolis provocaría darse un inmenso trompazo contra una enorme urna, de consecuencias claramente previsibles.
