• ¡Pepa! ¡Pepa! ¿Estás por ahí?
  • Sí, sí. ¡Ya voy! ¡Ya te veo Charly! Es que todavía hay mucho humo y se ve fatal.
  • ¿Cómo estás? ¿Estás cojeando?
  • Sí. Pisé un trozo de madera todavía muy caliente, y me quemé un poco las almohadillas de esta pata. Estoy mejor. Ya sabes que las gatas somos muy duras, y en especial nosotras, las carey. ¿Y tú, cómo vas?
  • Yo voy mejor. Ya sabes que tengo un poco de asma, y con este humo lo pasé mal al principio. ¿Sabes algo del resto de la pandilla?
  • Bueno, ayer vi a Concha de lejos, entre unos pinos abrasados. Se la veía como perdida. ¡Mira, ahí está! ¡Miauuuuuu! ¡Concha, aquí!
  • ¡Guau! Ya viene con ese trotecillo tan gracioso.
  • Muuuuuuuu, amigos. Estoy muy disgustada porque no he vuelto a ver a mis amigas. Ni a la Pili ni a la Merche. Salimos del prado despavoridas y cada una por su lado. ¡Vaya mierda! ¿Y los demás? ¡Ah, ahí llega Borjita!
  • Hola, ¿cómo estáis?
  • Aquí estamos que no es poco. ¿Y tú, Borja? Te habrás podido esconder sin problema, ¿no? Los conejos siempre tienen una madriguera a su alcance.
  • Sí, pero el humo ha sido lo peor. Se metió dentro y el problema es que somos 14 ahora mismo, y todavía se respira mal. Ahí les he dejado a todos. ¿Quién falta? ¡Nuestro mirlo favorito! ¡Vamos a llamarle! ¡Manu! ¡Manu!
  • Pi, pi, pi. ¡Allá voy! Qué gusto da veros vivos. Es que desde allá arriba no se ve ni lo que tienes delante del mismísimo pico. Ya estamos todos, ¿no?
  • Nos faltan nuestras burritas Lucía y Reme. Mala señal que no estén aquí con lo cerca que viven.
  • Bueno, a lo mejor está por ahí perdidas. Y, ¿qué pensáis de todo lo que ha pasado? Esto ha sido horroroso. A ver, conejo, di algo, que siempre das en el clavo.
  • Una desgracia. Pero la misma que la del año pasado, y la misma que vendrá el año que viene, si nadie lo remedia. Charly, has levantado la pata ¿quieres decir algo?
  • Sí. Esto pasa por varias razones. Una de ellas la hemos comentado ya más de una vez: cada vez hace más calor y cada vez llueve menos. Y cuando llueve, nos ahogamos, y cuando hace mucho calor, nos abrasamos vivos. Y por otra parte están los humanos, esos seres tan tontos e irresponsables. Manu, ¿has levantado el ala?
  • Estoy de acuerdo. Y para colmo, cada vez hay menos árboles para posarse, para ligar con una hembra, o para hacer un nido. Y lo de los humanos, es desesperante. Me desgañito cuando los veo hacer cosas peligrosas en el monte. Pero no me oyen, o dicen que “qué bonito ese canto”, y siguen con la barbacoa. Dale, Concha.
  • Yo también les llamo la atención, pero les da igual. A veces me planteo embestirles, pero no me atrevo. Son seres peligrosos.
  • Bueno, pues yo, como felina que soy, voy a dar una idea para hacer algo. Porque si esperamos a que los humanos se decidan, nos vamos a aburrir mucho y nos quemaremos varias veces más. Yo propongo hacer una manifestación.
  • ¿Qué dices, Pepa? Una mani … ¿cuándo? ¿dónde?
  • Lo antes posible, en la plaza del pueblo. Tendríamos que ir todos los que podamos, hay que hacer un llamamiento general, para ir con un trozo de madera quemada en la boca, o en el pico. Y llegamos allí, y nos tumbamos como si estuviéramos muertos. ¿Qué os parece?
  • Vale, pero a una hora que no haga mucho calor, que desde que han talado los árboles y han puesto unas cosas muy raras que se iluminan ¡y ponen anuncios o qué sé yo! Y ¿Cuánto tiempo nos quedamos tumbados?
  • Una ratillo, Borja. El suficiente para que nos hagan un montón de fotos y salgamos en los periódicos y en la tele. ¡Va a ser muy fuerte! ¡UNA VERDADERA ANIMALADA!