
- ¡Uf! ¿Sabes con quien acabo de soñar, Salvo?
- Ni idea.
- ¡Con Cloti! Me ha gustado mucho, pero después me he despertado con mucha pena.
- Chicos, yo os confieso que la echo mucho de menos. Estoy un poco depre. Me falta alguien aquí pegado, en mi cama. Ya sé que a veces era demasiado independiente, con su comidita propia, sin parar de beber, pero era un encanto ¿verdad?
- Desde luego. Y sobre todo para ti, Oliver, que parecía tu novia.
- Pues sí, pobrecita. ¡Qué mala se puso! Y así, de repente. Yo me asusté un montón. Sobre todo, cuando hacía esos movimientos tan raros con todo su cuerpo. ¿Tú la viste, Salvo?
- Sí, claro. Fue algo tremendo. Yo no quería ni mirarla. A mí me tranquilizó que estuvieran aquí Carmen y los vecinos, Mar y Luis. Pero, claro, al poco rato, se la llevaron, y hasta ahora. No sabemos nada, pero me temo lo peor, ¿verdad?
- Pues sí, sobre todo viendo llorar a Magdalena. No me extraña, ha estado ahí cuidándola todo el rato. Se las ha hecho pasar canutas con la comida, y, claro, cada vez más delgada. Pero bueno, también la debe estar echando de menos. ¡Ah, mira, ahí viene!
- ¡Hola, chicos! ¿Cómo estáis? Yo, muy cansada. Voy a sentarme un rato en el sofá. ¿Y esos medio lloros, Oliver? Bueno, bueno, aquí los tres a mi lado. Ya me imagino que habéis estado hablando, y estáis tristes por lo de Cloti, ¿verdad?
- Pues sí, Magdalena. Estamos hechos polvo. Lo que pasa es que no lo demostramos como hacéis los humanos. Pero que sepas que estamos fatal.
- Lo sé, Oliver. Y sobre todo tú, que eras su compañía preferida.
- Nosotros también estábamos contentos con ella. Yo que lo contemplo todo desde mi posición estratégica, y que no necesito moverme para darme cuenta de las cosas, te aseguro que estábamos encantados.
- ¿Ya no va a volver más?
- Así es, Salvo. Se ha ido. Nos quedan sus fotos, que un día de estos os las enseñaré. A ver, Oliver, no ladres, por favor. Pero… ¿y eso? ¿se ha puesto la tele sola? ¿Alguien ha dado al mando sin querer?
En la pantalla, se fue perfilando poco a poco la inequívoca cara de Cloti. Oliver se volvió loco, ladrando y dando saltos. Magdalena tuvo que evitar que se abalanzara contra el televisor. Los gatos maullaban a pleno pulmón, hasta que se oyó una voz.
- Hola compis. Hola Magdalena. Sí, soy yo, la Cloti.
- Pero… ¡callaros, caray! Pero ¿cómo es posible?
- ¡Bieeeeen! – gritaban los otros tres.
- ¿Cómo estás? ¿Dónde estás? Dinos algo, por favor.
- A ver, sentaos y escuchad. Después de que se tomara la decisión de que dejara de pasarlo mal, me desperté en el puente del Arco Iris, ya sabéis, ese que se cruza para pasar del mundo de los humanos al de las mascotas.
- Pero Cloti, tú estás…
- Sí, Nuño, yo ya no estoy ahí, en vuestro mundo.
- ¿Y cómo es que te estamos viendo por la tele?
- Yo tampoco me lo puedo creer. ¿No lo estaremos soñando? Estoy tan cansada, que lo mismo todo esto me lo estoy imaginando, o soñando.
- Pues mirad. Es una posibilidad que te ofrecen antes de cruzar el puente. Puedes aparecer donde y como quieras para despedirte de los colegas que dejas en el mundo de los humanos. Eso la primera vez. Después, se puede programar cada mes, más o menos, o que sea una sorpresa. Eso lo podemos hablar otro día, si os parece.
- Vale, amiga negrilla. Pero dinos cómo estás. Ya no harás esos movimientos tan espantosos, ¿no? Te han dado alguna pastilla, me imagino.
- No, Salvo, aquí los males han desaparecido. Estoy tranquila y me siento bien. Pero os echo mucho de menos. A vosotros y a ti, Magdalena, que has sido mi gran cuidadora.
- Oye, ¿no podrías mandar un fantasma igual que tú para que durmiera conmigo esta noche?
- ¡Qué cosas tienes Oli! ¡Me gustaría tanto estar ahí con vosotros! ¿Quedamos para el domingo que viene? Es que se me acaba el tiempo que me han concedido de transmisión.
- Vale, vale. Yo no trabajo, y podemos vernos por la tarde, si te parece.
- ¡Síííí! Gritaron al unísono los demás.
- Bueno, intentaré que me den más tiempo. Que sepáis que os quiero un montón. Gracias a vosotros dos. A veces, ser la única chica viviendo con tres chicos no ha sido precisamente fácil, pero conmigo os habéis portado mejor imposible. Os mando unos lametones. Y a ti, Magdalena, no sé cómo agradecerte todo lo que has hecho por mí, tu paciencia y tu dedicación. Eres la mejor. ¡Ah! Recuerdos de Sacha, que la he visto por aquí hace un rato.
- Bueno, anda, a ver si te van a regañar. Nos vemos el domingo, guapa. Te tiro un beso fuerte. ¡Chicos, despediros, venga!
Los tres se colocaron muy cerca del televisor, aplaudiendo, ladrando y maullando hasta que el aparato se apagó. Y después, todos volvieron al sofá, a repasar la emoción de haber visto y oído a su entrañable Cloti.
