En efecto. Sé quienes son, lo que hacen solos o en coalición, lo que quieren hacer si ganan, en fin, sé quiénes son los malos de la película. Y no hace falta que me lo recuerden constantemente durante el mes y medio de campaña electoral que queda aún.  Es ridículo.

A efectos de discursos, mítines, tertulias, artículos, me da igual que me lo diga alguien en concreto, un grupo, un frente, un dúo, un cuarteto o una orquesta. No quiero saber nada de los malos, o malas. Me lo sé de memoria: sanidad pública, educación pública, derechos sociales, inmigración, memoria democrática, vivienda, monarquía, etc, etc. Ya me lo sé, y por eso no les voy a votar. ¿Entonces? ¿Cuál es mi problema?

Pues que voy a soportar muy mal que sea ese el nudo principal de lo que transmitan los partidos de izquierda en esa campaña.  Poner verde a la derecha no me sirve de nada. Ya la conozco. Reconozco sus caras, sus gestos y sus maneras. No me sirve que me los recuerde nadie. Ni un trío ni el coro de la sinfónica.

Candidatos y candidatas de la izquierda, ahórrense el discurso del recuerdo, del victimismo continuo, de la trifulca de estos días, del discurso del pánico. No vale para nada. No nos contéis por qué no os unisteis a esta o a la otra formación política, quien tuvo la culpa, y quien no la tuvo. Eso solo genera más distancia. 

“Si llego o llegamos al poder, haremos esto, y lo otro, es decir, gobernaremos”. Esto es lo que me interesa. Me importa las soluciones que den aquellos a quienes voy a confiar mi voto. “Hay que votar, porque puede gobernar la derecha o algo peor” No me gusta. Basta, ese mantra está ya trasnochado. Hay que transmitir soluciones, algo atractivo, de futuro, que vislumbre un mundo mejor, más limpio, más solidario desde una perspectiva de izquierdas.

Contadme qué va a hacer este o aquel partido político, en solitario, acompañado o mediopensionista, si llega al poder, que es la razón de su existencia. Por favor, no me digáis lo malos que son los otros y las otras. Decidme lo bueno que sería votaros, cómo vais a mejorar la vida de la gente.

Programa y programa, que diría aquel.